Por:
Francisco X. González Garza.


Desde que la ética nació, se estableció una re definición del actuar
humano y del ser en relación con otros seres y consigo mismo.
Definitivamente muchas de las acciones no se pueden cuantificar, ni existen parámetros para determinar hasta dónde un sujeto ha perjudicado más que otro, para ello habría que tener un punto de vista relativo, entonces los absolutos ya no aplicarían.
¿Quién tiene el derecho, la capacidad y el poder de juzgar quién es ético y quién no lo es?, una persona dentro de una organización miente para salvar un proceso de producción, y sin embargo, es un factor obligado en la consciencia humana, el ser es trascendente y se da cuenta que a veces llega a realizar acciones que van en contra de su propia voluntad de decisión.

Habría que preguntarse el rol de la ética en la actualidad. Diversidad de organizaciones pretenden una estructura ética basada en la armonía, en la confianza, dignidad humana, respeto y en los procesos de relación con otros seres pensantes, ¿no es acaso esto el fin del ser humano? ¿por qué la ética debe ser pronunciada tan constantemente como para reafirmar que estas acciones no se presentan? Todavía la situación es más caótica cuando el ser ético trata de ver las acciones y acontecimiento de una manera fría y supuestamente muy objetiva, cuando ninguna persona humana puede ser desligada de su educación previa, axiología, formación espiritual, estereotipos positivos y negativos que posea, todo esto de una forma o de otra empaña la observación del actuar humano.
De esa manera la ética se distingue en el actuar individual y social, con este post modernismo tan interesante, ya muchos grupos sociales no saben ni lo que es bueno y deseable a lo que es malo y negativo. Sin embargo, es preciso considerar que el valor de una acción humana no depende de quién la observe, sino depende de las consecuencias y repercusiones que produzca a nivel personal y social.
El individuo necesita crear una sociedad más ética, más justa de confianza y esto se logra empezando por el actuar individual, mediante el ejemplo, a través de las obras que permiten el Bien Común que encaminan a la construcción de nuevos proyectos de nación, que son resultado del amor a la patria y a la humanidad. La necesitamos y nuestras futuras generaciones la requerirán todavía más.